Este libro es una novela contemporánea dentro de la literatura inglesa.
Así pues, este libro se puede clasificar dentro del género narrativo bajo la forma de una novela y subclasificar en categorías tales como la novela fantástica y la experimental principalmente.
Esta es una segunda edición publicada por Alianza Editorial en 2012, siendo este ejemplar parte de una quinta reimpresión en 2022, perteneciente a la colección El libro de bolsillo/Bibliotecas de autor, con ilustraciones de la edición original. Alianza Editorial es una editorial española fundada en 1966 por José Ortega Spottorno, que desde 1989 pertenece al Grupo Anaya, integrado a su vez en Hachette Livre desde 2004. Destaca por su prestigiosa colección El libro de bolsillo, creada para acercar la cultura a un público amplio, y por publicar clásicos de la literatura española y universal, narrativa contemporánea, filosofía, ensayo y obras de divulgación. Este libro sí está publicado en inglés.


- Año de publicación: 1928
- País: Reino Unido
- Páginas: 304
- Fecha de lectura: octubre de 2023
- Puntuación: 3/5
La autora es Virginia Woolf (Londres, Inglaterra, 1882 – Lewes, Inglaterra, 1941). Fue una escritora, ensayista, crítica literaria y editora británica, considerada una de las figuras más importantes del modernismo literario del siglo XX. Nació con el nombre de Adeline Virginia Stephen en una familia de intelectuales y recibió una amplia educación principalmente en casa, aunque también asistió a clases en el King’s College de Londres. En 1912 se casó con el escritor Leonard Woolf, con quien fundó en 1917 la editorial The Hogarth Press. Formó parte del influyente Grupo de Bloomsbury y destacó por su estilo experimental, especialmente por el uso del flujo de conciencia y la exploración de la identidad, la memoria y el tiempo. Fue también una figura fundamental del pensamiento feminista. Su relación con la escritora Vita Sackville-West inspiró la creación de Orlando. Tras sufrir diversos episodios de enfermedad mental a lo largo de su vida, murió por suicidio en 1941, a los 59 años.
Otros libros de la misma autora son:
- La señora Dalloway (1925)
- Al faro (1927)
- Una habitación propia (1929)
- Las olas (1931)
- Tres guineas (1938)

Dentro del listado de otros libros publicados por la autora aparecen resaltados aquellos de los cuales hay entrada ya en este blog.
¡Haz clic en él para leerla!
De Virginia Woolf solo había leído dos ensayos que me regaló una persona muy especial una vez, así como una de sus novelas llamada La señora Dalloway. No había sido una autora que hasta ese momento me hubiese enganchado particularmente aunque mantuviera el objetivo de leerme todas sus obras, sin embargo fue entonces cuando conocí Orlando.
Orlando fue uno de los libros que leí participando en un club de lectura mensual organizado por Tuuulibrería, la librería de libros de segunda mano de Madrid donde fui voluntario durante mis estudios universitarios. No obstante, pese a que mi voluntariado fue en dicha época, la organización del club de lectura por esta librería fue posterior, cuando yo ya me encontraba viviendo en Zaragoza entre 2021/2023 haciendo las prácticas de la especialidad en Enfermería de Salud Mental. Echaba de menos compartir mi gusto por la lectura y sentía nostalgía por mis tiempos de voluntariado en Tuuulibrería, así que cuando me enteré que organizaban un club de lectura, lo tuve claro y quise participar. Orlando fue el primer libro para el club de lectura con el cual iniciaron si no recuerdo mal. Más adelante participé de nuevo con otro libro y luego por la distancia e incompatibilidad de agenda no pude seguir, pero fue divertido mientras duró.

«En el mismo instante, pues, la sociedad lo es todo y la sociedad no es nada. La sociedad es la mixtura más potente del mundo y la sociedad no tiene existencia alguna. Con tales monstruos sólo los novelistas y los poetas pueden lidiar; de tales algos-nadas están desaforadamente repletas sus obras; a ellos se lo dejamos con la mejor voluntad del mundo».
Narrador
La novela gira en torno a la vida de un joven aristócrata inglés de la época isabelina, el cual no envejece a lo largo de los siglos. Experimenta amores, desengaños, realiza viajes y es testigo de cambios sociales. Un día, durante una estancia en Constantinopla, despierta convertido en mujer. A partir de entonces, Orlando debe afrontar las diferentes expectativas y limitaciones que la sociedad impone a las mujeres, a la par que busca su identidad y desarrolla su vocación por la literatura.
La obra sigue así diferentes épocas de la historia inglesa hasta llegar a principios del siglo XX. Se trata de una obra que combina fantasía, sátira y reflexiones filosóficas en torno al género, el tiempo y la creación artística.
De esta manera, la ambientación histórica cambiante permite observar cambios culturales y sociales desde una perspectiva interesante, la de Orlando, siendo este un vehículo narrativo para llevar a cabo una crítica social y feminista, pues la autora pone en evidencia las desigualdades entre hombres y mujeres mostrando cómo las convenciones sociales cambian según la época. Así, en el personaje de Orlando, el combinar una vida de varios siglos con una transformación de sexo ayuda a cuestionar las limitaciones habituales de los sujetos al tiempo, la identidad y al género.
«Recordó que cuando era hombre exigía que las mujeres fueran obedientes y castas, que aparecieran perfumadas y exquisitamente ataviadas. «Ahora tendré que pagar en carne propia por esas exigencias», reflexionó; «porque las mujeres, a juzgar por mi corta experiencia, no somos naturalmente obedientes y castas, ni nacemos perfumadas y exquisitamente ataviadas. Sólo la más tediosa disciplina nos alcanza esas gracias, sin las cuales no podemos disfrutar de ninguno de los deleites de la vida. Hay que peinarse», pensó, «y sólo eso me llevará una hora cada mañana; hay que mirarse en el espejo, otra hora; hay que encorsetarse y atarse; hay que lavarse y empolvarse; hay que cambiarse de la seda al encaje, y del encaje al satén de Lyon; y hay que ser pura año tras año…» Ahí dio un puntapié de enfado y enseñó un par de dedos de pantorrilla. Un marinero subido al mástil, que casualmente bajaba los ojos en ese momento, dio un respingo».
Narrador


«El hombre mira al mundo de frente, como si estuviera hecho para su conveniencia y aderezado a su gusto. La mujer le lanza una mirada de soslayo, llena de sutileza, de suspicacia incluso. Si los dos hubieran vestido la misma ropa, es posible que su manera de pensar hubiera sido también la misma.
Tal es el parecer de algunos filósofos que no dejan de ser sabios, pero en conjunto nosotros nos inclinamos por otro. Felizmente, la diferencia entre los sexos es una diferencia de gran hondura. La ropa no es sino un símbolo de algo escondido muy adentro. Fue un cambio en la propia Orlando lo que dictó su elección de indumentaria de mujer y sexo de mujer. Y quizá en ello no hiciera sino expresar un poco más francamente de lo habitual —es innegable que la franqueza estaba en la esencia de su ser— algo que le sucede a la mayoría de las personas sin manifestarse de ese modo tan patente. Pues aquí de nuevo nos tropezamos con un dilema. Por diferentes que sean los sexos, se entremezclan. En todo ser humano hay una vacilación de un sexo al otro, y a menudo es sólo la ropa lo que mantiene la apariencia masculina o femenina, mientras que por debajo el sexo es lo contrario de lo que es por encima. De las complicaciones y confusiones resultantes todo el mundo ha tenido experiencia; pero dejamos aquí la cuestión general, y nos limitamos a señalar el extraño efecto que tuvo en el caso particular de Orlando.
Porque era esa mezcla que había en ella de hombre y mujer, unas veces mandando el uno y otras veces la otra, lo que a menudo daba a su conducta un giro inesperado. Los curiosos de su sexo argumentarían, por ejemplo, que si Orlando era mujer, ¿Cómo no tardaba nunca más de diez minutos en vestirse? Y su ropa, ¿no estaba escogida un poco al azar, y a veces hasta raída? Y después dirían: de todas maneras, le falta la gravedad de un hombre, y el afán de poder que tienen los hombres».
Narrador
Relacionado con lo ya descrito, cabe destacar la originalidad de la novela en cuanto a su clasificación pues combina diversos subgéneros. Woolf consigue que una sola novela se considere fantástica (por la longevidad extraordinaria del protagonista y su transformación de sexo), experimental (por su estructura innovadora y técnicas narrativas), histórica (pues recorre diferentes épocas de la historia inglesa), satírica (crítica social y feminista) y modernista (exploración de la subjetividad y experimentación formal). Además, está escrita en forma de biografía, imitando y parodiando dicho género al ser una biografía ficticia la de Orlando.
«La vida le parecía de una longitud prodigiosa. Aun así, pasaba como un relámpago. Pero ni siquiera cuando más se estiraba, y los momentos se hinchaban más, y le parecía vagar solo por desiertos de vasta eternidad, tenía tiempo para alisar y desentrañar aquellos pergaminos llenos de tachaduras que treinta años de estar entre hombres y mujeres habían enrollado prietos en su corazón y su cerebro. Mucho antes de que acabara de pensar en el Amor (mientras el roble echaba hojas y las dejaba caer una docena de veces), la Ambición le comía el terreno a codazos, para ser desalojada a su vez por la Amistad o la Literatura. Y como la primera cuestión no se había resuelto —¿Qué es el Amor?—, volvía a hacerse presente a la menor provocación o sin ella, y empujaba a los rincones a los Libros o las Metáforas o ¿Para qué vivimos?, que allí tenían que esperar hasta que vislumbraban la ocasión de tornar a la refriega».
Narrador

Por otro lado, el ritmo de la narración es irregular, pues algunos episodios de la historia de Orlando avanzan ágiles mientras que otros se detienen en largas, aunque estimulantes, reflexiones o descripciones. Además, existen múltiples referencias a la historia inglesa, a sus costumbres y escritores, lo cual puede hacer que algunos lectores en ocasiones se pierdan sin un contexto (como me pasó a mí en algunos puntos de la lectura). Woolf también, ejecuta una narración con múltiples saltos y cambios de enfoque que pueden dificultar el seguimiento atento de la historia. Especialmente, al final del libro, la escritura me resultó más exigente y densa, puede que por su carácter experimental. Esto en mi caso, por un lado me estimuló, dada la creatividad de la escritura de Woolf en esta novela, como por otro lado me ocasionó dificultades para vincularme con Orlando cuando el peso recae más en el carácter experimental de la obra y no tanto en conectar con el personaje. El siguiente pasaje es un ejemplo de a lo que me refiero con momentos en los que puedes conectar con el personaje pero una larga y extensa narración experimental con múltiples asociaciones te alejan de ello:

«En mis manos no habrá anillo de boda», continuó, sacándoselo del dedo. «Las raíces se enroscarán en ellas. ¡Ah!», suspiró, hundiendo
la cabeza con deleite en la esponjosa almohada. «He estado buscando la felicidad en muchas épocas y no la he encontrado; la fama y se me ha escapado; el amor y no lo he conocido; la vida…, y hete aquí que la muerte es mejor. He conocido a muchos hombres y muchas mujeres», prosiguió; «no he entendido a ninguno. Es mejor que repose aquí en paz, sin otra cosa que el cielo sobre mí; como me dijo el gitano hace años. Eso fue en Turquía.»
Y al mirar justamente arriba, vio la maravillosa espuma de oro en que habían cuajado las nubes, y al momento siguiente vio en ella un camino, y una fila de camellos que atravesaban el desierto pedregoso entre nubes de polvo rojo; y luego, una vez que pasaron los camellos, sólo quedaron montañas, muy altas y llenas de grietas y con pináculos de roca, y creyó oír esquilas de cabras en los desfiladeros, y en los pliegues había campos de lirios y gencianas. Así cambió el cielo, y sus ojos fueron bajando despacio hasta alcanzar la tierra oscurecida por la lluvia y ver la enorme giba de las South Downs, como el romper de una ola a lo largo de la costa; y donde la tierra se dividía estaba el mar; el mar con barcos que pasaban; y creyó oír un cañonazo lejos, mar adentro, y primero pensó: «Es la Armada», y luego pensó: «No, es Nelson», y luego se acordó de que ya habían pasado esas guerras y los barcos eran afanosos barcos mercantes; y las velas sobre el sinuoso río eran de embarcaciones de placer. Vio también ganado disperso por los campos oscuros, ovejas y vacas, y vio que aquí y allá se iban encendiendo luces en las ventanas de las alquerías, y faroles que circulaban entre el ganado al hacer sus rondas el pastor y el vaquero; y luego se apagaron las luces y las estrellas despuntaron y se enmarañaron en el cielo. En realidad se estaba quedando dormida, con las plumas mojadas sobre la cara y la oreja contra el suelo, cuando oyó, muy adentro, un martillo sobre un yunque, ¿o era el latido de un corazón? Tic-toc, tic-toc, así martilleaba, así latía, el yunque o el corazón en lo hondo de la tierra; hasta que, escuchando, le pareció que se había convertido en el trote de los cascos de un caballo, uno, dos, tres, cuatro, contó; después oyó un tropezón; después, mientras se acercaba más y más, oyó quebrarse una ramita y la succión del terreno encharcado en los cascos. El caballo se le venía encima. Orlando se incorporó. Destacándose oscuro sobre el cielo rayado de amarillo del amanecer, entre chorlitos que subían y bajaban, vio un hombre a caballo. Él dio un respingo. El caballo se detuvo.—¡Señora! —gritó el hombre, echando pie a tierra—.
¡Está usted herida!—¡Estoy muerta, señor! —replicó ella»
Narrador
En conclusión, Orlando me ha parecido una novela muy original, inteligente y estimulante. Uno de sus mayores aciertos es la crítica social que Virginia Woolf desarrolla con ironía y sutileza, especialmente en torno a las convenciones de género. El hecho de que Orlando atraviese varios siglos y experimente un cambio de sexo me parece un recurso narrativo extraordinariamente creativo, que permite explorar cómo varían las expectativas sociales sobre lo que significa ser hombre o mujer según la época.
También he disfrutado de su prosa ingeniosa, de las reflexiones sobre la creación literaria, la naturaleza y las relaciones humanas, así como de su particular manera de combinar diversos subgéneros de novela. Sin embargo, las últimas cincuenta páginas han empañado mi valoración general. En ese tramo, Woolf intensifica tanto su experimentación narrativa que la prosa se vuelve más densa y fragmentaria, el hilo argumental se diluye y la lectura pierde fluidez, dificultando la conexión con el protagonista. Aunque entiendo que se trata de una elección estilística deliberada que a otras personas les puede agradar, en mi caso, personalmente me ha alejado de una historia que hasta entonces estaba disfrutando mucho.
Pienso que esto plantea una pregunta que es hasta qué punto una novela puede experimentar con su forma sin sacrificar la conexión del lector con la historia. En mi caso, disfruto de la experimentación cuando enriquece la historia, pero no cuando dificulta mi relación con ella. Supongo que todo trata de encontrar un equilibrio entre originalidad y legibilidad, el cual muchas veces es complicado, así como también agradar a todos los lectores y lectoras.
«Era una hermosa noche de principios de abril. Un millón de estrellas, mezclándose con la luz de una luna menguante, a su vez reforzada por la de los faroles, daban una claridad infinitamente favorecedora para la fisonomía humana y para la arquitectura del señor Wren. Todo se presentaba en su forma más tierna; pero cuando parecía estar a punto de disolverse, una gota de plata lo definía y animaba. Así debería ser la conversación, pensó Orlando (dejándose llevar por una ensoñación absurda); así debería ser la sociedad, así debería ser la amistad, así debería ser el amor. Pues, sabe Dios por qué, en el momento en que hemos perdido la fe en el trato humano, una disposición casual de unos pajaros y unos árboles, o de un almíar y una carreta, nos ofrece un símbolo tan perfecto de lo inalcanzable que reemprendemos la búsqueda».
Narrador

Algunas reflexiones:

- ¿Son las diferencias entre hombres y mujeres tan naturales como creemos, o responden en gran medida a construcciones culturales?
- ¿Cómo cambiaría nuestra forma de entender la vida si pudiéramos vivir durante varios siglos?
- ¿Cuánto de nuestra identidad nos pertenece realmente y cuánto viene determinado por la época y la sociedad en la que vivimos?
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