Este libro es la historia de un gato que vivió en una biblioteca en Estados Unidos.
Así pues, este libro se puede clasificar dentro del género didáctico bajo la forma de memorias y subclasificar en la categoría de biografía, aunque contiene elementos autobiográficos.
Esta es una primera edición lanzada por el sello editorial Suma de Letras en 2009, el cual fue creado de forma conjunta por Grupo Santillana y Ediciones B en el año 2000. Más adelante en 2014, Santillana pasó a formar parte de Penguin Random House Grupo Editorial, y con este, Suma de Letras. Este libro sí se encuentra publicado en inglés.


- Año de publicación 2008
- País: EEUU
- Páginas: 296
- Fecha de lectura: febrero de 2023
- Puntuación: 4/5
La autora es Vicki Myron (Spencer, Iowa, EEUU, 1947-). Fue una bibliotecaria y escritora estadounidense. Se graduó summa cum laude en la Mankato State University (actual Minnesota State University) y posteriormente obtuvo un máster en Estudios Bibliotecarios en la Emporia State University. En 1982, volvió a su ciudad natal para trabajar en la biblioteca pública, donde fue nombrada directora en 1987. Allí conoció al gato protagonista de esta biografía, Dewey. Myron se jubiló en 2007 y escribió esta historia. Para escribirla, contó con la colaboración de Bret Witter, quien ayudó en la elaboración literaria del libro.
Otros libros publicados por ella son:
- Las nueve vidas de Dewey: El legado del gato de biblioteca que inspiró a millones de personas (2010)

Dentro del listado de otros libros publicados por la autora aparecen resaltados aquellos de los cuales hay entrada ya en este blog.
¡Haz clic en él para leerla!
Encontré este libro de casualidad en una librería de libros de segunda mano en Zaragoza. Lo primero que me llamó la atención fue la portada, donde aparece un gato naranja y en el título, la palabra libros. Gatos y libros. Ambos ingredientes suficientes por ellos mismos para hacerme desembolsar mi dinero y adquirir esta obra.
A primera vista, es un libro que cuenta la vida de un gato llamado Dewey que vivió en una biblioteca de EEUU al cuidado de Vicki, autora de esta historia. En ella, nos narra la vida de Dewey, desde el primer momento que lo encuentra abandonado en el buzón de devolución de libros de la biblioteca, hasta su muerte 19 años después. No obstante, el libro profundiza y va más allá de ser una sucesión de acontecimientos.
«Llené de agua caliente el fregadero de la sala de empleados y comprobé la temperatura con el codo, sin soltar al gatito en ningún momento. Se deslizó en el fregadero como si fuese un cubito. Jean encontró un poco de champú en el armario de las manualidades y froté al animalito despacio y con cariño, casi acariciándolo. Y a medida que el agua iba tornándose más gris, el feroz temblor del gatito fue transformándose en un suave ronroneo. Sonreí. Era un gato resistente. Pero también muy jovencito. Cuando por fin lo saqué del fregadero, parecía un recién nacido: todo ojos y orejas destacando en una cabeza diminuta y un cuerpo aún más pequeño. Mojado, indefenso y maullando suavemente reclamando a su madre».
Vicki Myron

El libro no es únicamente la historia de Dewey, es más que una biografía animal. La narración de la vida de Dewey, sirve a la autora para hablar de su propia vida, de ahí los elementos autobiográficos, pues aborda sus dificultades personales y familiares, su trabajo, la ciudad de Spencer… Se podría afirmar que el vínculo entre Dewey, Vicki y los habitantes de Spencer invita a reflexionar sobre temas como la compañía, la comunidad, la función de las bibliotecas y la conexión entre seres humanos y el resto de animales.
La lectura se me hizo bastante amena, pues se trata de una historia real, sencilla y emotiva. Como he dicho, el gato resulta al final un hilo conductor para tratar asuntos profundos. Se me hizo así interesante la combinación de géneros en un mismo libro siendo biografía animal, memorias de tipo autobiográfico y crónica de cómo es la vida en una ciudad estadounidense pequeña. Además, el lenguaje en el que está escrita la obra es bastante accesible.

«Estos padres, que venían sólo por un momento, apenas tenían tiempo para acariciar a Dewey. Hacían jornadas agotadoras, y tenían comidas que preparar y casas que limpiar antes de irse a la cama. Pero sus hijos pasaban horas con Dewey, se divertían con él y lo querían. Nunca me di cuenta de lo mucho que eso significaba, o de lo fuertes que eran esos vínculos, hasta que vi a la madre de uno de los chicos agacharse junto al animalito.
—Gracias, Dewey —susurró, mientras le acariciaba con ternura la cabeza.
Supuse que estaba dándole las gracias por pasar algo de tiempo con su hijo, por llenar lo que para él podrían ser unas horas incómodas y solitarias.
Se incorporó y rodeó a su hijo con el brazo. Entonces, cuando salían por la puerta, oí que le preguntaba al niño:
—¿Qué tal estaba hoy Dewey?».
Vicki Myron
Esto puede ser también un punto que no todos los lectores les guste. Puede haber lectores que esperen más un libro centrado exclusivamente en la historia del gato Dewey. Lectores a los que se les haga repetitivo que la autora reitere el impacto de Dewey en diferentes personas. No obstante, a mí esto me parece al contrario, uno de los aspectos más bellos de la obra. En mi opinión, no somos islas. Estamos interconectados y la vida de cualquier ser, de la especie que sea, es interdependiente con su entorno y el resto de vidas. Remarcar el papel de un animal en la vida de tantas personas es conmovedor, pues pone en valor la honestidad y la vulnerabilidad de todos y todas, así como la necesidad de los vínculos de afecto del tipo que sean.
En especial, debo mencionar una parte del libro donde sentí esto escrito de forma verdaderamente honesta y cruda. Y esta parte fue el fallecimiento y los consiguientes sentimientos de pérdida hacia Dewey, los cuales la autora utiliza para reflexionar en torno a cómo vivimos el duelo y la vejez como sociedad.
«Volvieron a ello. A que Dewey no tenía buen aspecto. A que Dewey estaba perjudicando la imagen de la biblioteca. Yo sabía que lo hacían con buena intención, que les interesaba dar con la mejor solución para todo el mundo, pero no conseguía comprender qué pretendían. Era cierto, Dewey ya no estaba tan atractivo. Todo el mundo envejece. La gente de ochenta años no tiene el mismo aspecto que la de veinte, y así es como tiene que ser. Vivimos en una cultura de «usar y tirar», que arrincona a los mayores e intenta no mirarlos. Tienen arrugas. Tienen manchas de la edad. No caminan bien y les tiemblan las manos. Tienen la mirada acuosa, o babean cuando comen, o «eructan en sus pantalones» en exceso (una frase de Jodi de cuando tenía dos años). Y todo eso no queremos verlo. Incluso los ancianos más capaces, o las personas que nos entregaron toda su vida, los queremos lejos de nuestra vista y de nuestra cabeza. Pero tal vez la gente mayor, y los gatos mayores, tengan alguna cosa que enseñarnos, si no sobre el mundo, sí sobre nosotros mismos».
«Mis momentos con Dewey eran cada vez más escasos. Las empleadas habían retirado su comida y sus recipientes mientras yo estaba fuera, pero yo tuve que deshacerme de sus juguetes. Tuve que despejar su estantería: la vaselina para las bolas de pelo, el cepillo, la madeja de lana roja con la que había jugado toda la vida. Tenía que aparcar el coche y acercarme cada mañana a la biblioteca sin que Dewey me saludara desde la puerta. Cuando las empleadas regresaron a la biblioteca después de ver a Dewey por última vez, el calefactor delante del cual se instalaba cada día no funcionaba. Aquella misma mañana, Dewey había estado pegado a su lado, y funcionaba sin ningún problema. Era como si su muerte se hubiese llevado también su razón de ser. ¿Puede un electrodoméstico estropeado partirte el corazón? Pasaron seis semanas sin que pudiera plantearme reparar aquel calefactor».
Vicki Myron

De esta manera, Vicki Myron no presenta la muerte de Dewey únicamente como la pérdida personal de su gato. Este había vivido 19 años en la biblioteca, había creado vínculos con trabajadores, usuarios y habitantes de Spencer. Debido a esto, su ausencia impacta en toda la comunidad. Entender esto ayuda a ver el duelo como experiencia intersubjetiva, no solo como algo privado. El recuerdo compartido y los rituales permiten reconstruir la comunidad tras una pérdida de uno de sus miembros. Y los animales también forma parte de la comunidad, por tanto, son miembros. Si tenéis interés en este tema del duelo como experiencia intersubjetiva os recomiendo el ensayo La muerte en común de Ana Carrasco-Conde, donde habla extensamente del tema.
En conclusión, la historia de Dewey me ha hecho conocer no solo la vida de este gato bibliotecario, sino también adentrarme en la cotidianeidad de la comunidad de una ciudad pequeña de EEUU, conocer aspectos de la vida de Vicki Myron, una vida que no fue fácil, y reflexionar sobre el vínculo entre humanos y animales no humanos. El final del libro, permite realizar un análisis interesante sobre la pérdida y su dimensión comunitaria. Ha sido una lectura esclarecedora y serena.

«Así es la vida. Todos pasamos entre las cuchillas del tractor de vez en cuando. Todos nos damos golpes, y todos nos cortamos alguna vez. Los afortunados salen de ello con unos cuantos rasguños, un poco de sangre, y nada más. Lo importante es tener a alguien que te recoja, que te abrace y que te diga que todo irá bien.
Durante años, hice esto por Dewey. Ésa era la historia que tenía que contar. Y eso es lo que he hecho. Cuando Dewey estaba herido, muerto de frío y gimiendo, yo estuve allí. Lo abracé. Me aseguré de que todo iba bien.
Pero esto es sólo un pedacito de la verdad. La verdad es que, durante todos estos años, los días malos, los días buenos y todos los días sin recordar que constituyen las páginas del auténtico libro de nuestra vida, Dewey estuvo abrazándome.
Y sigue abrazándome ahora. De modo que gracias, Dewey. Gracias. Dondequiera que estés».
Vicki Myron
Algunas reflexiones:

- ¿Hasta qué punto los animales pueden ayudarnos a superar momentos de soledad, enfermedad o dificultad?
- ¿Puede una biblioteca ser algo más que un lugar donde se guardan y prestan libros? ¿Qué necesita un lugar para convertirse realmente en una comunidad?
- Si somos quienes somos también gracias a nuestros vínculos con los demás, ¿qué parte de ellos permanece en nosotros cuando mueren?
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